El otro día me puse a pensar respecto a si en verdad Jesucristo, el mismo hijo de Dios me amaba.
Comencé a pensar y pensar, tratando de hallar si esto era cierto o no. Por lo tanto decidí preguntarle (como buen hombre a otro hombre, no tanto un hombre a un Dios): “Jesucristo… ¿Tu me amas?” Una y otra vez continúe preguntándole, esperando la respuesta o en su defecto lo que yo quisiera oír aunque fuera una mentira.
Sin encontrar solución y completamente desanimado me dispuse a recostarme sobre la cama, pensar al respecto y quizás intentar nuevamente. Al ver el reloj que marcaba las 4am y solo faltaban unas horas para entrar a la escuela me di cuenta de algo que había pasado por alto en el comienzo de mi búsqueda respecto a la respuesta absoluta, por lo cual solamente pude exclamar: “¡Vaya pedazo de idiota! Los muertos no hablan.”
Fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario